"El Ministerio de Salud, promueve la mutilación social de las obstetras. Esta (...) se instrumentan principalmente con dispositivos androcéntricos, orientadas al interés de la corporación masculina posesionaria del aparato estatal".
"Todo cuanto sobre las
mujeres han escrito los hombres debe tenerse por sospechoso, puesto que son
juez y parte a la vez" Citado en Beauvoir, S. (1987). El Segundo Sexo.
Ya pasó el #8M, con un retraso
claro y la advertencia previa me animo a escribir este post.
Hagamos un recuento general. En el
Perú y el Mundo, hay más mujeres con estudios superiores, hoy cuentan con derechos
para establecer o disolver uniones conyugales, ejercen el sufragio, tienen
presencia política, y la maternidad ya no es el destino natural. Hoy las mujeres
comparadas con las vidas pasadas viven más y viven mejor, ergo cuentan con un
mejor bienestar.
Entonces qué falta, porqué las
manifestaciones globales del #8M, qué están pidiendo, cuál es el reclamo que
moviliza a miles de mujeres en el Perú y el Mundo.
Vamos a intentar dar respuesta,
pero no citando números, puesto que ya sabemos que también mueren los hombres, sabemos
que alcanzar una alta dirección en las empresas implica una decisión individual
de las mujeres, que si no se quiere ser madre se deben usar al menos condones, y
otras generalizaciones anticipadas expresadas por sectores reaccionarios y
escépticos de la causa feminista.
Tenemos claro lo que ocultan los números
y la limitación de los indicadores clásicos que se usa para medir el progreso social.
Por ejemplo, cuando las mujeres se dedican a promover y defender derechos no
buscan enriquecerse per se, sino que ejerciendo libertad para dedicar su vida a
motivos que ellas valoran, no obtienen bienestar y con frecuencia son
estigmatizadas, violentadas y asesinadas. Por otro lado si bien hoy hay más
mujeres médicas, ellas no tienen un rol manifiestamente claro en la lucha
feminista y menos frente al conflicto entre obstetras y enfermeras (en el Perú),
con frecuencia sólo espectan; esto se explica en parte por la normalización de
la excepción en el sistema del saber dominante y la autopercepción y afirmación
implícita de que su aceptación y pertenencia a una corporación masculina se
debe al esfuerzo y cualidades excepcionales que las demás no quieren realizar
y/o no poseen, ergo el problema
de las otras no es el suyo.
En el primero caso estamos frente
a una situación donde el bienestar, importante en sí, no es el fin último de la
lucha reivindicativa. No negamos con esto la urgente necesidad de acabar con
las manifestaciones del malestar de las mujeres (iniquidades de género, feminicidios,
u otros males).
En el segundo caso, la presencia
excepcional de mujeres en los diferentes escenarios no es suficiente para
alcanzar igualdad en las responsabilidades del hogar, de la alta dirección en
las empresas públicas o privadas, en los espacios políticos; y más aún en los
sistemas de trasmisión del conocimiento, siendo el sector salud donde estas desigualdades
son evidentes.
La agenda que engloba el primer
caso es una agenda por la libre agencia (Sen A, 1999), la segunda una agenda
por la paridad (Valcárcel A, 2015).
Para alcanzar la primera debemos
eliminar muchas restricciones, por ejemplo, todo el espectro de manifestaciones
de violencia sexual, dado que no servirá de nada que las mujeres obtengan estudios
universitarios, mejoren sus salarios u obtengan otros activos económicos, y no
garanticemos su libre tránsito en las calles, la seguridad en sus hogares, y más
aún si deciden impulsar movimientos sociales, no se puedan otorgar garantías
mínimas a su libertad personal.
La paridad, va más allá que las
cuotas de género, y es más objetiva que la igualdad de oportunidades también es
más difícil de alcanzar, por la resistencia a ella por hombres y mujeres. La
paridad no pide que a las mujeres se les otorgue algo, al contrario, exige que
no se les quite lo que les corresponde. A nivel del hogar, en el vecindario, en
el trabajo, en los espacios de toma de decisiones, a insumos iguales resultados
iguales (Valcárcel A, 2015). La paridad visibiliza muchas de las desigualdades que
damos por normales, esto es normalizadas y deja pendiente la respuesta ante todo el
malestar (violencia cotidiana, feminicidios, etc.) que las mujeres viven; y si estas persisten y son más visibles algo debe estar pasando.
En todo el mundo se verifica por
los números, el impacto que las libertades de las mujeres tienen: en sus
propias vidas, en la vida de sus familias e incluso en la vida de los hombres.
Ahora bien, en el sector salud, la
lucha de las mujeres es necesaria y justa, porque si no hubiera falta no
estaría yo intentando esbozar este texto, lo sería una obstetra.
La reivindicación, es urgente, no
se puede esperar más tiempo, las desigualdades dejan marcas con consecuencias
múltiples. Así, a las obstetras no se le brinda acceso al conocimiento, a las
tecnologías, al uso de estas tecnologías. Sin embargo se las inquiere, se las
responsabiliza, se las culpa cuando los resultados no son buenos.
El Ministerio de Salud, promueve
la mutilación social de las obstetras. Estas como hemos afirmado anteriormente
se instrumentan principalmente con dispositivos androcéntricos, orientadas al interés de la corporación masculina posesionaria del
aparato estatal. Basta detenerse un momento y observar el comportamiento
habitual de la conformación de comités de expertos, comités ad hoc,
formuladoras de normativas, donde se nota la escaza participación de mujeres en
general y de los gremios femeninos.
Este comportamiento se expresa, citando otro ejemplo en los salarios que se otorgan a las obstetras, quienes
no reciben ninguna unidad monetaria adicional por el triple cuidado que brinda
a la sociedad: a la mujer gestante, a su hijo por nacer, y a la unidad
familiar. También en la legislación laboral de la obstetra, donde cínicamente se
“regula” la subordinación a la corporación masculina y se cercena la autonomía
de las obstetras, situación contradictoria a los avances en las libertades que
las mujeres vienen conquistando en el mundo.
Estas realidades ponen en
evidencia que si bien el capital humano de las mujeres ha mejorado, es decir
son más productivas, esta no se acompaña de una mayor libertad para que
administren sus propias vidas, ni que decir sobre la soberanía sobre sus
propios cuerpos, donde la libre agencia se encuentra con franco retraso.
La independencia, la emancipación
social, la autonomía de las mujeres en general y en especial la de las
obstetras tiene consecuencias trascendentales en la organización, y no debe
postergarse más.
Pese a que el malestar de las
mujeres es sufrido y vivido en la Profesión, no se han incorporado en las
políticas gremiales, los aportes del movimiento feminista, más aún cuando las
mujeres activas han declarado resistencia a la guerra declarada por los
sectores más reaccionarios a la emancipación de las mujeres. Sí, exactamente
aún debemos reivindicar su autonomía.
¿No son estos motivos para adherir
a la agenda feminista?
